El simple placer de romper las cosas

Una de las mayores aficiones de Lana, mi guacamayo maracaná, es adentrarse en mi armario. Si la puerta está abierta, vuela y se mete rápidamente entre camisetas y pantalones. He aprendido que resulta todo un peligro, pero sólo para mi ropa. Lana parece que tiene un radar para encontrar botones y cremalleras. Y disfruta quitándolos uno a uno. A modo de juego, también le gusta lanzar camisetas y verlas caer. Incluso puede que un día de estos deje de escribir post; pues el cable de mi portátil se encuentra algo picoteado.

Ese simple placer de romper las cosas entra dentro de lo que los expertos denominan forrajeo. Necesidad básica que en muy pocas palabras consiste en explorar su entorno con el objetivo de alimentarse. En el mundo de los amantes de los loros esto supone la felicidad si se trata de un juguete donde tiene que manipular e incluso descifrar para conseguir el alimento. Pero también significa tirarse de los pelos si se trata del mando de la televisión. Hace unos meses leía en un post de Evet Loewen (parrot blogger) sobre como algunas personas que tenían loros al final acaban siendo “menos materialistas”. Se habían hecho a la idea de que aquella bonita camisa de botones o aquel collar de piedras podría acabar siendo destrozado en unos pocos segundos.

He empezado a escribir este post desde el parque Casa de Campo de Madrid.

casa de campo

cotorras argentinasEn esta zona, muy cerca del centro de Madrid, actualmente resulta común caminar y encontrarse con cientos de nidos, donde escandalosamente conviven muchas cotorritas argentinas. Estas al igual que el resto de especies de loros, también disfrutan del placer de romper las cosas. Para un amante de los loros resulta bonito ver como vuelan sobre sus cabezas estos exóticos individuos, como manipulan ramas, picotean semillas y caminan en el césped rompiendo todo lo que encuentran en su paso en busca de alimento.

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